16 nov. 2011

ETHEL, 8:30 PM


Ethel ha conocido tiempos mejores. Sin ir más lejos, allá por los cuarenta apuntaba maneras en un par de antros de la ciudad. Cantar y bailar, también beber, a menudo hasta tarde... Y ya, apenas amaneciendo, el trabajo que no perdona. Esa maldita, maldita fábrica donde ganarse y malgastar la vida...

Y sin embargo ahora nada de eso importa. Nada porque ahora, y ahora como cada día, el paseo de las ocho devuelve como antes todo su esplendor a Ethel. ...Ethel, que elige con esmero su atuendo. Que, con mano temblorosa, se maquilla ante su espejo... antiguo amigo que, cómplice y bondadoso, le regala una imagen hace treinta años congelada... Luego, al salir, aquel bullicio... y aquella gente que la observa -su público, piensa-. Y justo entonces, bajo el cielo plomizo de la gran ciudad, su mejor sonrisa...

Fue así, abrazada por el aplauso de claxons y multitudes, como la encontré aquella tarde. Y es así como la recordaré... No me hizo falta convencerla para posar: "también fuí modelo de artistas", me dijo, tirando al suelo un cigarrillo que apagó bajo su zapato de charol blanco. Se hace entonces, ágil y alegre, un hueco entre el tráfico y apoyada en un coche me grita "¡dispara, encanto!"

Aún tiene fuerza en la voz. Su salud es buena, como la piel de su anticuado bolso de marca.

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